martes, 28 de mayo de 2013

RAFAEL CADENAS (VENEZUELA,1930)




 TEMOR




Alguien cierra una puerta a un hombre que enmudece, se mira en su celda de un solo respiradero y duda de que él mismo exista.

Algunas veces, por instantes, es sacado a ver sol, pero vuelve por sus propios pasos a su sitio.

Allí al menos sabe que sufre.

domingo, 5 de mayo de 2013

VASILIS LALIOTIS (GRECIA,1959)



MÁSENKA, UNO



 
Másenka, las ruedas del tren, Másenka,

si voy o vuelvo no lo sé

solo la luz del hogar encendido

desnuda te muestra como la última

vez que volví la mirada

y fuera un aleteo de pájaro en la nieve.

Habíamos dormido abrazados

e intentaba escribir versos, Másenka

en el extremo de tu voz el silencio del mundo

y en el extremo de tu silencio la voz del mundo.



Másenka, las ruedas del tren, Másenka

si voy o vuelvo no lo sé

pero te paseo desnuda calor y luz.


versión de Mario Domínguez Parra -   De el transbordadorpoesía blogspot .com.es

JOAN BROSSA (ESPAÑA, 1919 - 1998)


EL RECITAL

El poeta hace un recital acompañado por un batería.

Al comenzar hay veinte espectadores.

Después, diez.

Después, cinco.

Después, tres.

Después, uno, que se levanta y dice:

―¡Quiere hacer el favor de callarse, que no me deja oír la música!



EL RECITAL

El poeta fa un recital acompanyat per un bateria.

En començar hi ha vint espectadors.

Després, deu.

Després, cinc.

Després, tres.

Després, un, que s’aixeca i diu:

―Vol fer el favor de callar, que no em deixa sentir la música!




versión de Carlos Vitale (Buenos Aires,1953,poeta y traductor)

domingo, 14 de abril de 2013

Aco Sopov (Macedonia,1923-1982)

NOSER


I




He viajado tanto,una eternidad
Viaje desde mí hacia tu noser.
A través del fuego,a través de las ruinas
entre los escombros.
En el calor ,la sequía, la opacidad.
Me alimenté del pan de tu belleza.
Mi sed se sació del cantar de tu garganta.

No mires los negros barrancos
Que hacen estragos en mi rostro -
son el don de la faz de la tierra.
No mires los hombros encorvados -
los tengo del agobio de los cerros.
Mira en estos brazos
dos fuegos
dos ríos
sombría esperanza.
Mira estas manos -
dos campos,
dos sequías
que padecen en silencio.

He viajado tanto
una eternidad
Viajé, desde ti hacia tu noser de mí.


II



Y todo sucedió durante una noche
noche árboles
noche follaje
noche fosa fría.
Caí en altos pastos,
Pastos y denso liquen.

Esto sucedió durante una noche
mentira y verdad
como en una vieja historia
enterrada en el fondo mismo de la memoria.
Viniste para llevarme como una sorda riada,
como un río subterráneo.

Y sólo ahora
ante este monte de dolor y humanidad,
por caminos que no conozco,
blasfemo desgarrado por el hambre.
Viniste como el agua negra de un mal
del que nunca exorcizaremos
los crímenes y sortilegios.


III



Agua turbia,agua negra,
que traes cada día
un pimpollo
sobre mi frente de piedra
y lo arrojas al más negro abismo,
bajo la ligera corteza de tu cuerpo;
agua turbia,agua negra,
que te ha convertido en pensamiento
tan maravilloso,tan terrible
para que ella estreche mi corazón
¿como un ciervo al árbol?
¿Quien ha bautizado con tal nombre,
agua turbia,agua  negra?

Quién se instala invisible en mí
y enciende un fuego secreto,
que demolió el muro de la sangre
que me lleva el oído,
que me enajena la vista,
¿quién obstinado,poco a poco,me asedia,
quién,pues,invisible dispone de mí?


IV



Árbol solo en la colina
herida en la tierra dócil,
¿qué te dieron mis ojos,
para que maduren con el sueño de tus hojas?
Verde mirada,verde ascensión
¿quién nos ha condenado a las mismas vigilias?
Árbol solo en la colina
herida en la tierra serena
¿cómo tu savia en mí
cómo tu presencia en mi sangre?
¿Quién ha borrado con mano leve
todas las cercanías
todos los alrededores,
que nos ha infligido este noser
para que yo sea árbol,para que tú seas poema?


V



Mujer desconocida,mujer sabia,
tú que pasas siempre serena
frente al vitral que mira hacia la oscuridad
sorda al grito,
ciega a la desesperación,
¿de dónde viene esta falsa quietud,
como mi sangre en ti?
Yo te guardé,mujer,como un pesado secreto
que revelaré sólo el día
en el que la sangre anhelante pronunciará
a la hora del terrible silencio
la temeraria última palabra -
clara como las alturas,
filosa como la espada.

¿Cómo mi sangre 
en ti mujer?
He viajado mucho,una eternidad
viajé de nosotros mismo al no ser de nosotros.



de Sol Negro,Editorial Leviatán,Buenos Aires,2011. Traducción de Luisa Futoransky.


sábado, 16 de marzo de 2013

MARGARITA GARCÍA ROBAYO (CARTAGENA,COLOMBIA,1980)



Este era un hombre muy viejo.O quizá no tan viejo,pero sí muy gastado.Se había encogido de esa manera en que se encogen las personas que han padecido mucho sufrimiento físico. Como si el cuerpo se les hubiera quedado en esa pose torcida en la que se abraza fuerte una panza adolorida.El viejo iba sentado frente a mí en un bus que nos llevaba a un pueblo lejano. Al viejo ya no le dolía nada,quizá le ardían los ojos desteñidos con los que miraba la ventana. Pestañeaba de seguido para humedecerlos,supongo.Yo intentaba leer un libro,estaba en la frase "...y siempre quedaba el recurso de marcharse"; y me encantaba esa frase y me encantaba todo lo que venía después - era un libro que ya había leído.Pero la mirada se iba cada tanto hacia la cara del viejo y trataba de no cruzarme con sus ojos.No debe ser lindo para un hombre gastado que alguien más o menos nuevo lo mire,reconociendo en él la peor de las tragedias humanas : el deterioro.Sus manos soportaron durante un rato mi atención : raquíticas,enrojecidas,deshollejadas. Era como si se las hubiera sacado de la muñeca,las hubiera metido en el microondas - uno,dos minutos - y se las hubiera vuelto a poner,sin dejarlas reposar.
¿Qué leés? me dijo el hombre y yo aparté rápidamente los ojos de sus manos."Un libro"... contesté y alcé los hombros. "Ya", dijo él y sonrió,creo. Imaginé que el viejo había perdido la costumbre de estirar la boca hacia los lados, porque esa supuesta sonrisa no le había salido fácil.A lo mejor,a lo largo de muchos meses,la mueca más recurrente del viejo fue la de arrugar la cara y separar levemente los labios para dejar salir un quejido muy bajito, porque ya ni fuerzas tendría para quejarse en serio,o porque cada vez que lo hacía el paciente de al lado lo insultaba. "Cuando yo era joven también me gustaba leer ",me dijo el hombre. Su voz, sorprendentemente, no estaba gastada como el resto de él."¿Qué le gustaba leer?",le pregunté y él me dijo que cualquier cosa. Después,cuando yo había vuelto a simular interés en mi libro y suponía que él en su ventana,volvió a hablar : "Hace mucho que no leo - se llevó las manos a los ojos  y se los frotó - ya no veo bien". Yo asentí cerré el libro,me pareció de mal gusto restregarle en la cara que mis ojos,en cambio,funcionaban perfecto. "¿No me leerías algo,jovencita?",dijo el hombre.Y  no sé por qué ese pedido intempestivo me emocionó : balbuceé que si encantada,esas cosas.Me aclaré la garganta . "Para colmo el mal tiempo..." - volví a leer desde el principio.Y el hombre recostó la cabeza en la ventana,y mi voz duró lo que el resto del viaje.,


de orquídeas,Editorial Nudista,Cosquín,Provincia de Córdoba,2011.

domingo, 27 de enero de 2013

MIGUEL ARTECHE ( CHILE , 1926 - 2012 )


GIRANDO



Y ahora en el espacio,en el oscuro espacio
de la estrella,de una habitación que desconozco :
en el espacio
sin campo,
sin lluvia,
sin manos
y sin ciudades.Ahora:en el espacio,
donde no habita nadie,donde la oscuridad es llanto
sin respuesta.Solo con una silla,y desnudo,
canto :
pero no tengo voz, pero no tengo manos.
Gira y arde en el espacio
mi habitación desnuda.Y canto
a ver si me responden desde abajo.

Y veo como se rompen las paredes,
y veo la luz,y clamo
por las palabras que no brotan.Y el resplandor se acerca
girando.
pero no e tu luz, Dios mío, y el espacio
salta en la noche perdurable. Y vuelvo
a cantar,
por ver si me responden desde abajo.




RESTAURANTE



Este señor que come me conmueve.
Se detiene en un punto de su frente,
y piensa ayeres en la mesa,y miente
este señor que vuelve de la nieve.

Y tose, y se levanta, y me sonríe
como  un señor que vuelve a su pasado
para buscar la silla donde viven
las muertas hojas y el reloj cansado.

Este señor me busca y no se atreve
a saludarme, yo no sé, y me mira
para buscar: se sienta y me solloza.

Este señor anciano que suspira
y sorbe, en las tinieblas de las nueve,
el hambre de la sopa silenciosa.



LLUVIA



Llueve sobre la noche asoladora.
El mundo gira sobre el agua. Llueve.
La noche inmensa sus raíces mueve
sobre mi corazón.La piedra llora.

Sobre mi corazón la piedra llora
llamando a despertar. Mi boca bebe
toda la lluvia de la noche. Breve
será el amor aquí, negra la aurora.

La lluvia empuja el corazón : la puerta
hacia la tierra se abre, sola, yerta.
Las bocas se abren, la montaña bebe.

El mundo tiembla bajo la mañana.
se oye otra vez nacer tras la ventana.
la piedra entra en mi cuerpo. Llueve. Llueve.


de Destierros y tinieblas (1952-1964) según la versión que aparece en Tercera Antología , Ediciones Corregidor, Buenos Aires,1991.

martes, 25 de diciembre de 2012

PABLO de ROKHA (CHILE, 1894 - 1968)


Mordido de canallas, yo fui el gran solitario

 

Mordido de canallas, yo fui "el gran solitario
de las letras chilenas", guerrero malherido,
arrastro un desgarrado corazón proletario
y la decisión épica de no caer vencido.

Sobre la patria arada de espanto, mi calvario
chorrea sangre humana, y un sol despavorido
me va ciñendo el cuerpo de fuego extraordinario,
como un caballo de oro con el freno perdido.

Irreductible al látigo, salvaje e innumerable,
el instinto social me da el imponderable,
y descubro un subsuelo que el drama humano aprueba.

Con tu recuerdo, al hombro, mi rol específico,
y como andando solo, en ti me identifico,
fundo con tus cenizas una religión nueva.


 

Ahora yo me acuerdo (fragmento)

 

Ahora yo me acuerdo de Licantén, orillas del Mataquito,
me acuerdo de la casa aquella, como de polvo, con duraznos, con
membrillos, con naranjos, con un farol, sí, con un farol en la
esquina de la noche y con palomas
llorando más arriba del pueblo del sueño,
me acuerdo de la tía Clorinda, oliendo a chicha florida, y de don
Custodio y de la Rosa y de la Flora Farías y de la beata doña
Rosario y del Oficial Civil y del cura don Liborio,
me acuerdo de los chicharrones y de los pigüelos y los causeos de
don Vicho, y del poruña Abdón Madrid y de la tonta Martina
y del compadre Anacleto y del borracho Juan de Dios Pizarro y
Juan de Dios Chaparro,
me acuerdo de las piaras costinas, tan olorosas a cochayuyos y a
sentimientos de Iloca,
y me acuerdo de los lagares, ciertamente, de los lagares del buey,
arrumados en los graneros, llenos de huevos y herramientas,
"entre junio y julio"
y me acuerdo de las botas y las mantas españolas de mi abuelo,
me acuerdo de la media rayada del silabario y de las enredaderas
polvorientas de la escuela,
y después, Talca, la ácida, la árida Talca,
la lluviosa ciudad negra, seria, fea y atribulada, de santos de
sombra y de aceitunas,
la vieja escuela cluequeando entre los tamarindos,
la vieja escuela primaria, la vieja escuela primaria, y don Tomás,
el preceptor don Tomás, sí, don Tomás, el amigo de Dios, y las
bolitas,
y el volantín azul arriba de la provincia enmohecida,
aquella gran bronconeumonía y los anchos armarios de
carretillas y la vida de Colón, la vida de Edison, la vida deWashington con monitos, y los lacrimatorios del mapa-mundi,
y las matitas de poroto y de zapallo creciendo, ardiendo en los
extramuros del alma,
los caminos de estatuas, apuntalando un sol cuadrado y polvoso,
y los himnos escritos en la piedra, por la oscura mano que nadie
conoce,
[...]
y después, después, las niñas Pinochet
y las cacerías y las borracheras en la montaña, adentro del
espíritu irreparable,
y los versos honestos entre los sembrados, los espinales, los
viñedos y las islas profundas de Pocoa,
que era lo mismo que un causeo de invierno, que era,
y después, el niño inhábil, el confundido, el planetario,
a patadas con los manicomios,
y las cartas lluviosas: "estudia, hijo, las cosechas van
malitas, a la bodega vieja se le cayó el cielo
y a la Chepita un diente, ¿qué te sucede?...
cobra un giro y reza por nosotros, el año inútil, hijo, sí, el año
inútil,
tu mamá te manda un pavito, abrazos, ojuelas y charqui de la
guitarra,
aquí, ya hay violetas, cuídate, van aceitunas, patitas de chancho,
miel, quesitos de cabra, murió el rucio Caroca, tu padre,
Ignacio"...


 

Cantar

 

Te busqué en los mares,
te busqué en las tierras,
¡no te ha visto nadie
y todo lo llenas!

Rumbo de la vida,
ilusión cansada
¿en qué pueblo habitas
y cómo te llamas?

¡Seguir caminando
sin ver el camino!
¡Llorar lo pasado
y lo no venido
con el mismo llanto...!